
Resulta sorprendente hablar del Islam en América Latina, una realidad que parece muy distante del mundo árabe en cuanto a cultura y mentalidad, costumbres y hábitos. Sin embargo, los musulmanes están presentes en el continente desde hace mucho tiempo; basta recordar los diferentes flujos migratorios entre finales del siglo XIX y mediados del XX procedentes del Líbano, Palestina, Siria y Oriente Medio en general, sin olvidar a los conversos en EEUU que regresan a su patria y se convierten en propagadores.
Rafael Savoi
Los esclavos desarraigados de África -al menos nueve millones según Curtin- y vendidos en los mercados de Brasil o las colonias españolas, trajeron consigo la religión y las tradiciones de las diversas tribus y regiones de origen. Tras siglos de opresión, de algún modo sobrevivieron con mayor o menor fuerza, constituyendo un legado cultural para los afrodescendientes y para América.
Muchos esclavos procedían de países africanos islamizados, como los actuales estados de Mali, Senegal, Ghana y Nigeria. En la América hispana se hizo todo lo posible por frenar, controlar y negar la entrada a los propios musulmanes. Pocos apellidos y tradiciones islámicas han sobrevivido.
En Brasil, el recuerdo de la resistencia de los esclavos aún es fuerte en Salvador, donde hacia 1830 se había formado un importante grupo que consiguió organizarse y desafiar al gobierno colonial, en la famosa "revuelta de los malés", reprimida con sangre. Como consecuencia, aumentó el control de las actividades de los negros, incluidas las religiosas, que fueron demonizadas y vigiladas hasta mediados del siglo pasado.
Un importante número de árabes llegó a Sudamérica hacia 1850 huyendo del dominio del Imperio Otomano con el espejismo de hacer fortuna. Lòpez Dusil, especialista en Oriente Próximo y África, declaró a la BBC: "Por lo general eran hombres jóvenes y pobres, que se dedicaban al comercio ambulante, lo que no requería un mayor conocimiento de la lengua". Sirios y libaneses se asentaron en Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador y Paraguay, donde también llegaron palestinos.
Una nueva oleada migratoria se produjo con la creación del Estado de Israel en 1948, que entre otras cosas favoreció el asentamiento de palestinos, especialmente en Chile. Muchos de ellos se "mezclaron" con la población local. Basta pensar que la primera mezquita en Argentina data de hace unos 20 años para suponer que "están más integrados de lo que pensamos".
Es significativo que varios musulmanes hayan alcanzado los más altos cargos en los distintos estados. Entre ellos figuran el ex presidente de Argentina Carlos Menem, sirio hijo de una familia musulmana que se convirtió al cristianismo; los ex presidentes de Ecuador Abdalà Bucaram y Jamil Mahuad, descendientes de libaneses, así como Gabriel Turbay ex presidente de Colombia.
Aunque resulta difícil establecer con precisión el número de árabes y musulmanes, la Organización Islámica para América Latina considera que la población musulmana de la región asciende a 6 millones, equivalentes a un 1% de la población continental aproximadamente. El 90% de los musulmanes latinoamericanos son inmigrantes, la mayoría provenientes de países islámicos junto a sus descendientes, mientras que un 10% es nativo de la región. Brasil es el país con mayor población musulmana, con unas 1.500.000 personas; le siguen Argentina, con la segunda concentración regional, llegando a 700.0006. En el caso de Chile, el censo nacional de 2002 determinó la existencia de cerca de 3.000 musulmanes.
El número de inmigrantes provenientes de los países islámicos ha descendido notablemente en los últimos quince años, debido a que América Latina ya no presenta las mismas oportunidades para los inmigrantes. De ese modo, las posibilidades de crecimiento del Islam en América Latina dependen de la aceptación de los latinoamericanos que no provienen de países islámicos. En este sentido, las instituciones islámicas de Latinoamérica han fundamentado su estrategia expansiva en la búsqueda de nuevos adeptos nativos de la región.
La población musulmana en América Latina es densa. La mayoría de los musulmanes latinoamericanos viven en grandes centros urbanos y han logrado construir importantes centros y mezquitas en importantes ciudades latinoamericanas. Actualmente, hay cerca de 80 mezquitas y alrededor de 50 centros islámicos en la región.
Modelos del Islam latinoamericano
Isaac Caro, sociólogo, doctor en Estudios Americanos y académico del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat de Chile, distingue cuatro grandes modelos del "Islam latinoamericano”:
- EL ISLAM INDO-ASIÁTICO
En América Latina, el Islam indo-asiático encuentra un espacio importante en Guyana, Surinam y Trinidad Tobago, donde están las comunidades musulmanas más importantes, constituyendo entre un 10 y un 15% de la población total. La importancia de las comunidades de Surinam y Guyana queda de manifiesto en la medida que ambos Estados forman parte de la Organización de la Conferencia Islámica.
El origen del Islam indo-asiático en la región se remonta al siglo XIX, cuando, tras la abolición de la esclavitud, dejaron de llegar trabajadores africanos - muchos de ellos musulmanes -, lo que produjo una escasez de mano de obra. Como resultado, se trajeron trabajadores de la India que se instalaron primero en las posesiones británicas - Guayana inglesa (futura Guyana) a partir de 1834, Trinidad-Tobabo y Jamaica a partir de 1844 -, luego en las antillas francesas - de 1854 a 1889 - y, finalmente, en la Guayana holandesa (futuro Surinam) - de 1836 a 1916 -. Aunque la mayoría de esta población era de religión hindú, se estima que alrededor de un 16% eran musulmanes. También están los indonesios, provenientes de la isla de Java, que se establecen en Surinam, los que en su gran mayoría son de confesión musulmana, y llegaron entre 1850 y 1931.
En estos tres países ha existido un proceso de islamización o afirmación islámica en la población musulmana, que ha tenido un auge importante desde la revolución islámica en Irán (1979). En este sentido, se han recibido las visitas regulares de misioneros procedentes de India y Pakistán. Este Islam indo-asiático del Caribe tiene una importancia central para las comunidades musulmanes del resto del continente. En estos países tienen su origen organizaciones y conferencias musulmanas con un radio de acción que va más allá del Caribe, como lo muestran: la Conferencia Islámica de América del Sur y el Caribe, creada en Trinidad Tobago, la Liga Islámica Mundial, con sede en La Meca y una representación regional en el Caribe; y la Asociación de la Vocación Islámica, establecida en Guyana y luego en Surinam.
- EL ISLAM ÁRABE
El segundo modelo, correspondiente al Islam árabe, es el que tiene presencia mayoritaria en América del Sur.
Como se ha señalado anteriormente, el país latinoamericano con mayor concentración de población y de organizaciones musulmanas es Brasil. Las mayores comunidades están en Sao Paulo, Brasilia, Río de Janeiro, Curitiba, Río Grande do Sul y Foz de Iguaçu. Estas comunidades están formadas principalmente por los descendientes de los inmigrantes libaneses, sirios y palestinos, así como por brasileños convertidos al Islam. Existen alrededor de 100 mezquitas y centros de oraciones en el país, que convierten a Brasil en "la capital del Islam en América Latina".
El caso venezolano es emblemático. Allí existe una comunidad musulmana, calculada en 90.000 personas, que puede explicarse en parte porque este país es miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y por lo tanto mantiene vínculos especiales con los países productores del mundo musulmán. Con la ayuda financiera del gobierno de Arabia Saudita, país miembro también de la OPEP, se inauguró en Caracas, en abril de 1993, la Mezquita Ibrahim, que es considerada una de las más grandes de América Latina.
- NUEVOS MUSULMANES
En América Latina se da un proceso creciente de conversión al islam a través de la formación de "nuevos musulmanes" o conversos al Islam, a través de una conversión que generalmente proviene del cristianismo y que es resultado de una reacción o protesta en contra de la sociedad occidental cristiana. En este sentido, se inscribe la formación - lo mismo que en Estados Unidos - de un movimiento negro musulmán, que encuentra su expresión en parte de la población afrolatinoamericana.
- ISLAMISMO RADICAL
En lo que se refiere a la existencia, potencial o real, de corrientes islamistas en América Latina, habría que señalar que estamos en presencia de un fenómeno que es minoritario - aunque no por esto carece de importancia - y que no compromete al conjunto del Islam ni de la población musulmana de la región. Cabe distinguir tres procesos y periodos, observándose una coincidencia entre sus momentos de inicio y determinados atentados terroristas. Un primer periodo se inicia a partir de 1992, fecha del ataque contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, y se consolida en 1994, cuando ocurre el atentado contra el edificio de la AMIA-DAIA En esta primera etapa, diversos informes de inteligencia denunciaron la existencia de grupos vinculados con Hezbolá, a través de la denominada "triple frontera" de Argentina, Paraguay y Brasil.
Una segunda etapa viene a partir del 11 de septiembre de 2001, cuando los servicios secretos de Estados Unidos empezaron a denunciar también la presencia de Al-Qaeda, tanto en la triple frontera como en otros países sudamericanos.
Un tercer período ocurre después de los atentados realizados en España, en marzo de 2004. La prensa argentina denunció que los servicios de inteligencia locales, alertados por sus pares de España e Italia, habían detectado cinco grupos, integrados por 26 personas, del movimiento Jamaat Tabligh, los que habrían ingresado en Argentina con el posible objetivo de contactar y reclutar ciudadanos argentinos de la comunidad musulmana para ser entrenados en el exterior en actividades terroristas.
El islam en Colombia - Buenaventura
En Colombia se da el fenómeno de los musulmanes negros, particularmente interesante en la ciudad portuaria de Buenaventura. Al principio atraídos por la fe de las promesas del poder negro, los musulmanes de Buenaventura aseguran que han encontrado en el Islam un refugio de la pobreza y la violencia que carcome la ciudad.
El Islam llegó allí a finales de los años 60 de la mano de Esteban Mustafa Meléndez, un marinero afroamericano originario de Panamá, que difundió las enseñanzas de la Nación del Islam –un grupo nacido en EEUU que mezcla elementos del islam con nacionalismo negro– entre los trabajadores del puerto.
La primera ola de conversiones fue más política que espiritual. En sus oraciones (en inglés o español) leían más panfletos políticos que el Corán, y tenían un precario conocimiento de los postulados centrales del islam, comenta Valencia.
Siguiendo el ejemplo de Malcolm X –que rompió con la Nación del Islam y abrazó el sunismo antes de su muerte en 1965– un miembro de la comunidad de Buenaventura viajó a Arabia Saudí a estudiar el islam y regresó para convencer al grupo de que abrazase una fe más ortodoxa. La comunidad musulmana de Buenaventura se dirigió a grupos suníes en el país para conseguir apoyo, pero estos dos mundos no podrían ser más diferentes.
En Buenaventura se encuentra la tercera comunidad musulmana más importante del país tras las existentes en Maicao y Bogotá, y su existencia «de casi cuatro décadas la convierte en un referente obligado en el estudio de la presencia del islam en Colombia», según Diego Giovanni Castellanos. Incluso dentro del Islam colombiano, son la única comunidad predominantemente chiíta del país, siendo en el resto de lugares el sunismo la tendencia imperante.
Esta comunidad musulmana no se parece a ninguna otra en el mundo. Está constituida y es fortalecida por afrodescendientes conversos al Islam, todos nativos de Colombia.