Punto Final

P. Gabriel Perfetti
Misionero comboniano

Corro hacia ti

He encontrado la sabiduría en la calle, escondida en un hombre de 47 años: Javier. No ha sido echado a la calle por situaciones o circunstancias adversas, sino por elección propia. A los 38 años, después de una vida, entre comillas, normal siente una inquietud, cree que la vida es algo más que la rutina que le impone la sociedad.Comprende que los medios de comunicación son el arma de los poderosos para pilotar, adormecer y dominar al pueblo, dejándolo creer que es libre. Reflexiona sobre su situación, que es pura explotación, un vivir para trabajar, una degradación de su persona y de su dignidad, un despilfarro de su tiempo y salud. Javier tiene la lucidez de quién puede distinguir entre opresión y libertad, entre superficialidad y esencia, entre acumular o vivir en sobriedad. Elige vivir en la sencillez, sin nada suyo, compartiendo con los gamines. El habla de la situación social, denunciando la corrupción que empobrece y envenena toda relación, la violencia que es signo de debilidad e ignorancia. Está convencido de que la ambición y la avidez producen una atmósfera de agitación, ansia y competición; una atmósfera de lucha, conflicto, desesperación y depresión. Le pregunto si está enojado, si tiene rabia por todo eso. Él responde: “No tengo rabia sino compasión. Antes tenía rabia en contra de todo y de todos. Ahora estoy convencido que la rabia contamina la mente y el corazón. La rabia transforma el diálogo en discusión polémica, la relación en conflicto, la unidad en separación. La rabia te lleva a una ceguera  intelectual, te quita la capacidad de ver y comprender. La rabia te hace caer en la estupidez de la arrogancia”. Me atrevo a insinuar que su estilo de vida me parece un poco triste. Javier responde sonriendo y haciendo memoria del pasado que recuerda  como realmente  triste, con una tristeza que le paralizaba la mente, le desviaba los deseos y bloqueaba el gusto por la vida. Esta nueva vida le permite saborear todo eso. Su hablar está lleno de ejemplos, nombres, lugares. Él tiene palabras de condena para los políticos ambiciosos y para la gente que se deja engañar año tras año, siempre por las mismas personas y de la misma manera. Denuncia todo lo malo, pero sin rabia, sin rencor. Javier quisiera sacudir a los demás para sacarlos del engaño, de una vida que no es vida. Dice: "Hemos vendido nuestra capacidad de pensar, la parte más noble de nuestro ser. Son otros los que piensan por nosotros y tanto nos engañan que hacemos todo lo que nos dicen, creyendo hacerlo en libertad, por nuestra propia decisión, pero no son otros que deciden y nosotros actuamos”. 
Le pregunto cuál es su relación  con Dios.  “Nos han acostumbrados a relacionarnos  con un Dios "invisible". Vivimos resignados a tratar con un Dios "escondido", con un fantasma que no tiene consistencia, con una idea que no tiene rostro”, dice. Con sus manos abiertas en un gesto de esparcir añade: “Dios está aquí, tú y yo somos parte de Él. No podemos perdernos buscándolo en el cielo cuando Él está aquí, muy cerca. Cada persona, incluso la más humillada, en su esencia es divina”. Nunca hubiera pensado de encontrar la luz del evangelio  tan presente y operante en un hombre considerado un "desecho". Con Javier, uno deja lugar al gozo, a la paz interior, a la comprensión, a la pasión amante, al deseo de unión, a la solidaridad, a la carrera evangelizadora. Corro a ti a través de ese artículo para comunicarte la misma alegría.