El “discípulo amado”

P. Eduardo de la Serna

 

En el Evangelio de Juan – y sólo allí – se hace referencia a un personaje al que se llama “el discípulo a quien Jesús amaba” o “quería”. Este personaje, en este Evangelio, nunca es llamado por su nombre. Y – como veremos – eso tiene una intención en este libro.

Con mucha frecuencia, en los restantes Evangelios, sobre todo en Marcos, vemos que un grupo de tres discípulos parecen los más cercanos a Jesús: “Pedro, Santiago y Juan” (por ejemplo, ver Marcos 5,37; 9,2; 13,2; 14,32). Siendo que el Discípulo amado parece vivir mucho tiempo (ver Jn 21,23) debemos descartar a Santiago puesto que es el primer apóstol en morir (ver Hch 12,2), y el Discípulo amado se encuentra junto con Pedro en muchas oportunidades, esto hizo suponer – y así se ha dicho con notable frecuencia – que el discípulo amado es Juan. Pero, como dijimos, en el Evangelio permanece anónimo, y así es bueno que quede, se trate de quien se tratare.

¿En qué circunstancias nos encontramos con el Discípulo Amado?

En primer lugar (13,23-24) en la mesa en la Última Cena. Él estaba recostado al lado de Jesús. Como Jesús acaba de anunciar que uno lo entregaría, Pedro le hace señas al discípulo para que le pregunte a Jesús de quién se trata.

Luego lo encontramos al pie de la cruz de Jesús junto a su madre (19,26-27). Al verlos juntos, Jesús le encarga al discípulo que asuma a la madre como propia y es – a su vez – recibido como hijo por ella. Un poco más adelante señala que todo lo ocurrido en la cruz, él lo vio y lo atestigua “para que ustedes crean” (19,35).

Cuando María Magdalena ve la tumba de Jesús vacía, corre a decírselo a Pedro y el discípulo amado (20,2-10). Ellos corren a la tumba. El evangelio señala que el discípulo corre más rápido que Pedro, pero lo deja entrar primero. Sin embargo, al ver los signos en la tumba (las vendas en el suelo, y el sudario doblado en un lugar aparte) Pedro “las vio”, mientras que el Discípulo amado “vio y creyó” (v.8). En las apariciones de Jesús a los discípulos (20,19-28) curiosamente no hay referencia alguna al querido por Jesús.

En el capítulo 21 un grupo de siete discípulos van a pescar (21,2-7): Pedro, Santiago y Juan (la única vez que se los menciona en el evangelio de Juan), Natanael, Tomás “y otros dos”. En la barca no pescan nada y uno que se encuentra en la orilla – nosotros sabemos que es Jesús – les invita a tirar la red a la derecha y esta se llena de peces (153 peces grandes). Uno de los siete es el Discípulo amado y le informa a Pedro que se trata de “el Señor”.

Finalmente Jesús tiene un diálogo con Pedro en el que éste le reafirmará su amor (tres veces, porque tres fueron las negaciones) y detrás de ellos caminaba el discípulo amado. Pedro le pregunta por él y Jesús le dice “si quiero que permanezca hasta que yo vuelva ¿qué te preocupa?” (v.22). Es por esto que muchos pensaban que no moriría, pero Jesús dijo otra cosa (lo que nos permite saber que aunque vivió mucho tiempo ya había muerto cuando se compone esta parte del evangelio (21,23). Éste es el discípulo que da testimonio de las cosas que se encuentran en el evangelio (v.24)

Hay otros dos textos donde se habla de un “discípulo” sin que se nos diga si se trata del amado de Jesús o de otro discípulo: en 1,37-38 es uno de los discípulos del Bautista que siguen a Jesús, y en 18,15-16 un discípulo junto con Pedro van a ver qué pasa con Jesús cuando es capturado. Allí, más adelante, Pedro lo negará. Sin embargo, en estos dos casos no se dice que se trate del discípulo “al que Jesús amaba”.

Esto nos permite sacar algunas conclusiones: las comunidades del discípulo amado y las comunidades de Pedro (la Iglesia más “oficial”) están en comunión. Sin duda el discípulo es el preferido de los de su grupo, pero no están separados de Pedro. La comunión con Pedro es algo que caracteriza al preferido de Jesús.

De este discípulo, como vimos, se dicen varias cosas. Sinteticemos: es uno que está en profunda intimidad y amistad con Jesús, recibe como propia a su Madre, es el que cree en los signos de la resurrección y lo reconoce vivo y resucitado en un desconocido, y es uno que permanece junto a Jesús hasta el final. Por eso puede dar testimonio de Jesús y conducirnos a la fe. De ese modo, el discípulo amado se trata de un discípulo ejemplar.

Sin duda por esto el Evangelio no le da el nombre (y no deberíamos dárselo tampoco nosotros) ya que al ser anónimo, todos nosotros y nosotras podemos ser discípulos amados de Jesús en tanto y en cuanto sigamos su ejemplo  y sus huellas.

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