Carta pascual del Consejo General de los Misioneros Combonianos

La muerte y la vida se enfrentan en un duelo prodigioso.

El Señor de la Vida estaba muerto; pero ahora, vivo, triunfa (Liturgia pascual)

 

Roma, a 16 abril de 2017

Queridos hermanos:

La celebración de la Resurrección del Señor Jesús les done paz y alegría para anunciar su Evangelio hasta los extremos confines de la tierra.

Desde hace 150 años, nuestro Instituto de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús anuncia la victoria de la Vida sobre la muerte. Esta vida, que ha sido vendida a bajo precio, traicionada, condenada, clavada en una cruz y encerrada en la oscuridad de un sepulcro, ha encontrado la fuerza para resurgir y donarse a cada persona humana que se deja invadir por el amor incondicionado de Dios.

Como entonces, también hoy la vida sigue siendo traicionada y vendida. Vivimos en un mundo donde los radicalismos parecen triunfar, donde no hay lugar para los empobrecidos y crucificados de la historia, donde se construyen muros y se destruyen puentes. Un mundo donde la economía del egoísmo y de la muerte crea deshechos de humanidad, en la búsqueda de un bienestar egoísta en el que nos volvemos incapaces de abrirnos al don que se hace bendición y viene fragmentado para ser compartido.

En esta Pascua del 2017, pensamos en Ustedes, nuestro hermanos, que sabemos la vivirán allí, con los pueblos donde han sido enviados, anunciando que otro mundo es posible, un mundo donde vence la vida, un mundo donde todos tengamos vida en abundancia. Pensamos, sobre todo, en nuestros hermanos que viven en zonas de guerra, hambre, calamidades naturales, en zonas donde no siempre es fácil descubrir la vida que resurge. A todos Ustedes queremos recordarles las palabras del último Capítulo General: “Nuestra presencia es significativa cuando somos cercanos a grupos humanos marginados o en situaciones de frontera” (DC ’15 n. 45.2).

Que esta fiesta de Pascua nos encuentre listos para anunciar la victoria de la Vida sobre la muerte, nos encuentre disponibles a hacer causa común con quienes son despreciados o rechazados, nos encuentre listos a dejarnos invadir por la Vida de Dios para compartirla con los olvidados de la historia.

 

 

¡Feliz Pascua de Resurrección!

El Consejo General

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